El propósito eterno de Dios
domingo, 18 de octubre de 2026 · Ronald Robles Martinez
Puntos clave
- El propósito de Dios es eterno y no cambió cuando el pecado entró al mundo. Desde el jardín del Edén vemos su deseo de habitar con el hombre y tener comunión con él. Aunque el pecado produjo separación, Dios fue revelando progresivamente ese mismo propósito a través del tabernáculo, el templo, las promesas dadas a Israel y las visiones de los profetas. Todo apuntaba hacia el día en que esa comunión sería restaurada de manera definitiva.
- Este propósito se cumple en Jesucristo. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y por medio de su muerte, su sangre y su resurrección se abrió nuevamente el camino hacia la presencia de Dios. Aquello que el tabernáculo y el templo representaban encuentra su realidad en Cristo, quien hace posible que Dios habite ahora en nosotros y que finalmente podamos vivir para siempre en su presencia. El árbol de la vida, perdido para el hombre después del pecado, vuelve a aparecer en Apocalipsis como parte de esa restauración final.
- Las promesas hechas a Abraham también señalaban hacia este propósito. Él vivió como extranjero porque esperaba una patria mejor, una ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios. De la misma manera, nosotros seguimos a Cristo en nuestro propio camino, dejando atrás la antigua vida y confiando en la promesa de una comunión eterna con Dios. Desde Génesis hasta Apocalipsis vemos un mismo plan: Dios restaurando al hombre por medio de la sangre de Cristo para que podamos vivir eternamente con Él.
