
Cita bíblica
Éxodo 1-40; Números 20 y Deuteronomio 32:48-52 y 34
Bosquejo
Muchos años más tarde, después que murieron Jacob, José y sus hermanos, un nuevo Faraón gobernaba Egipto. Él era cruel y hacía que la familia de José construyeran templos. A la familia de José le llamaban israelitas. Ellos eran muchos y eran muy fuertes, por eso al faraón no le agradaban. Los obligó a trabajar duro y ordenó que echen al río a todos los bebés varones israelitas que nazcan.
Una mujer llamada Jocabed tuvo un bebé varón y al ver que era hermoso, lo escondió durante tres meses. Como no podía seguir escondiéndolo, tomó una canasta y puso al niño adentro y lo dejó entre las plantas que crecían a la orilla del río. Pero la hermana del niño, se quedó a cierta distancia.
Más tarde, la hija del faraón bajó a bañarse al río, ella vio la canasta y al abrirla encontró al bebé llorando, se dio cuenta que era israelita y tuvo compasión de él.
Entonces la hermana del bebé salió y le dijo a la princesa que ella conocía a una mujer israelita que podía alimentar y cuidar al niño. La princesa mandó que la llamara y le encargó a la mujer que cuidara del bebé por ella.
Cuando el niño creció la princesa se lo llevó y lo adoptó como su propio hijo, le puso por nombre Moisés que quiere decir “rescatado de las aguas”.
Años después, cuando Moisés era adulto fue al lugar donde los hombres trabajaban como esclavos y vio cómo un egipcio maltrataba a un israelita y al ver que no había nadie mató al egipcio y lo enterró en la arena. Cuando el faraón se enteró de eso quiso matar a Moisés. Pero Moisés huyó y se fue a un lugar llamado Madián. Jetro, el sacerdote de Madián, invitó a Moisés a quedarse a vivir con ellos, y él aceptó. Moisés se casó con su hija Séfora.
Muchos años después murió el Faraón pero los israelitas seguían quejándose porque sufrían mucho como esclavos.
Un día mientras Moisés cuidaba las ovejas, vio algo muy extraño. Un arbusto ardía en llamas pero no se quemaba. Cuando Moisés se acercó Dios le dijo: Yo sé muy bien que mi pueblo sufre y por eso he venido para librarlos, los llevaré a una región muy rica y grande llamada Canaán. Así que prepárate porque te voy a mandar a hablar con el Faraón para que saques de ese país a mi pueblo.
Moisés contestó: ¿Y quién soy yo para ir y decirle eso al faraón? Dios le dijo: Yo estaré contigo en todo momento.
Moisés también le dijo a Dios que él no sabía hablar bien, que se le trababa la lengua, pero Dios le dijo que le ayudaría. Y que también le acompañaría su hermano Aaron y que él hablaría en su lugar.
Entonces Moisés regresó con Aaron a Egipto y se reunió con los jefes de los israelitas, les contó lo que Dios le había dicho. Ellos les creyeron y adoraron a Dios.
Moisés y Aaron fueron al palacio del faraón y le dijeron: El Dios de Israel dice: Deja que mi pueblo Israel vaya al desierto para que haga allí una fiesta en mi honor. El faraón les dijo que no los dejaría ir y que los haría trabajar más duro.
Moisés y Aaron hicieron todo tal como Dios se los había ordenado: el agua se convirtió en sangre, las ranas llenaron el país, el polvo se convirtió en piojos, las moscas atacaron Egipto, el ganado murió, los egipcios y los animales se enfermaron con llagas, Dios hizo llover granizo y fuego, las langostas atacaron los campos y hubo una gran oscuridad. Ante todas estas señales el faraón endureció su corazón y no dejaba que los israelitas se fueran de Egipto.
De todas las plagas que hubieron, ninguna les vino sobre los israelitas.
Dios le dijo a Moisés: Voy a traer una plaga con la que faraón los va a dejar libres. Le dijo que ordene al pueblo separar un cordero para comérselo y que tomaran un poco de la sangre del animal y la untaran en el marco de la puerta de la casa. Esa noche recorreré Egipto y mataré a todos los hijos mayores de los egipcios. Pero ustedes no deben temer porque la sangre en sus puertas me será de señal, no les haré daño y pasaré de largo.
A la medianoche así sucedió, todos los hijos mayores de los egipcios murieron hasta el hijo de Faraón también murió y por eso él les dijo que se vayan.
Entonces los israelitas salieron de Egipto con su ganado y con muchos tesoros y joyas de los egipcios. Dios iba delante de ellos de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarles.
Dios endureció el corazón de Faraón y él se arrepintió de haberlos dejado ir. Así que se subió a su carro de guerra junto a sus oficiales y salieron a perseguir a los israelitas.
El Mar Rojo estaba adelante y los egipcios venían detrás. Los israelitas tuvieron mucho miedo y gritaban pidiendo ayuda a Dios. A Moisés le reclamaban: Por qué nos has traído aquí, para morir en el desierto.
Pero Dios le dijo a Moisés que sostuviera su vara y extienda su brazo sobre el mar para que se abra en dos. Moisés hizo así y el mar se partió en dos, ellos cruzaron por el camino abierto en el mar y los egipcios fueron tras ellos. Pero Dios le dijo a Moisés que extienda su brazo sobre el mar nuevamente y el mar se volvió a juntar. Los egipcios trataron de escapar pero no lo lograron, no quedó ningún soldado egipcio con vida. Así Dios libró a los israelitas y ellos cantaron alegres en su honor.
Un mes y medio después de haber salido de Egipto, los israelitas llegaron al desierto de sin. Allí comenzaron a quejarse de Moisés y Aaron. Les decían: Ustedes nos han traído aquí para morirnos de hambre. En Egipto al menos teníamos comida.
Dios los escuchó y esa tarde envió codornices para que comieran.
A la mañana siguiente Dios envió pan del cielo. Se llamaba Maná y sabía a miel. Ese fue el alimento de las israelitas durante 40 años en el desierto.
Luego volvieron a quejarse: Nos morimos de sed, Moisés le preguntó a Dios qué debía hacer. Dios le dijo: Golpea la roca con tu vara. Cuando Moisés golpeó la roca, brotó agua fresca y clara para que todos pudieran beber. Esa roca los seguía a donde ellos iban.
Dios condujo a los israelitas hasta el desierto de Sinaí. Dios habló al pueblo y les dio los Diez Mandamientos. Ellos oían los truenos, relámpagos y sonido de bocina. Todo el monte humeaba y se estremecía. Así que el pueblo tuvo miedo y le pidió a Moisés que él hablara con Dios. Dios llamó a Moisés para que subiera a la cumbre del monte, ahí descendió Dios en una nube espesa, Moisés entró a la nube y Dios escribió en dos tablas de piedra los diez mandamientos para que todo el pueblo los obedeciera. Ahí estuvo por 40 días y 40 noches.
Pero el pueblo al ver que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron a Aaron y le pidieron que les haga un dios. Aaron hizo un becerro de oro con todas las joyas que ellos habían reunido, edificó un altar y el pueblo ofreció holocaustos, se sentaron a comer, a beber y regocijarse.
Moisés, al descender y ver lo que habían hecho los israelitas se enojó mucho y tiró las tablas. Tomó el becerro y lo quemó en el fuego.
Al día siguiente Moisés subió nuevamente a hablar con Dios. Y Dios le dio unas nuevas tablas, también le dijo que construyera una carpa especial. Se llamaba tabernáculo. Una nube estaba sobre la carpa. Cuando la nube se marchaba los israelitas empacaban sus cosas y la seguían.
Cuando los israelitas llegaron a Cades y como no tenían agua se juntaron contra Moisés y Aaron quejándose. Dios le dijo a Moisés que tome su vara y que le hable a la roca delante de ellos, y les daría agua. Pero Moisés golpeó la roca dos veces y salió el agua. Dios le dijo a Moisés: Por no haberme santificado delante del pueblo no entrarás a la tierra de Canaán.
Tiempo después, el pueblo se volvió a desanimar y a hablar contra Dios y contra Moisés. Aparecieron serpientes que mordían al pueblo y murieron muchos. El pueblo se arrepintió y pidió a Dios que quite esas serpientes. Moisés oró y Dios le dijo que haga una serpiente de bronce y la ponga sobre un asta, y el que fuese mordido al mirar a la serpiente viviría.
El pueblo de Israel anduvo vagando por el desierto sin entrar a la Tierra prometida a causa de su desobediencia y por no creerle a Dios.
Dios le ordenó a Moisés que suba al Monte Nebo para que mire todo el territorio de Canaán que le daría a los israelitas. Allí murió y fue enterrado, a la edad de 120 años, gozaba de buena salud y la vista todavía no le fallaba.
Nunca más hubo en Israel profeta como Moisés que hablara cara a cara con Dios.
Temas
Dios nos protege en todo momento.
Dios tiene un plan para nuestras vidas.
Dios nos pone por cabeza y no por cola.
Dios cumple sus promesas.
Dios es nuestro proveedor, Él suple todas nuestras necesidades.
Dios nos dio sus mandamientos para demostrarnos que necesitamos de Él, Él cumplió toda la ley por nosotros.
Dios habita en nosotros y él nos guía siempre.
El diablo fue derrotado en la cruz.
Dios muestra su poder a nuestro favor.
Nosotros podemos desatar el poder de Dios con nuestras palabras.
Verdad
¿Por qué Moisés no entró a la tierra Prometida, de Canaán?
Ejercicios
- Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.
- Éxodo 14:14
- Dios siempre cuida de mí.
- Mi Dios me ha dado la victoria.
- Dios suple todas mis necesidades.
- Yo obedezco a Dios y creo en su palabra.
- ¿Por qué el faraón mandó matar a los bebés varones israelitas?
- ¿Cómo Dios guiaba a su pueblo en el desierto?
- ¿De qué se alimentaban los israelitas en el desierto?
- ¿Por qué Moisés no entró a la tierra Prometida, de Canaán?
Preguntas
- ¿Por qué el faraón mandó matar a los bebés varones israelitas?
- ¿Cómo Dios guiaba a su pueblo en el desierto?
- ¿De qué se alimentaban los israelitas en el desierto?
- ¿Por qué Moisés no entró a la tierra Prometida, de Canaán?
Historia
13 Y ____________ dijo al ____________: No ____________; estad ____________, y ved la __________________ que Jehová hará hoy con vosotros; porque los ________________ que hoy habéis visto, nunca más para ______________ los veréis. 14 Jehová ______________ por vosotros, y vosotros estaréis ____________________. 15 Entonces Jehová dijo a Moisés: ¿Por qué clamas a mí? Di a los hijos de ____________ que marchen. 16 Y tú alza tu ________, y extiende tu ________ sobre el ______, y divídelo, y entren los __________ de Israel por en medio del mar, en seco. Éxodo 14: 13-16
