516 — La Misericordia de Dios antes del Juicio

Pupiletras

La Misericordia de Dios antes del Juicio

Cita bíblica

2 Reyes 21–23; 2 Crónicas 33

Bosquejo

Después de Ezequías reinó su hijo Manasés, quien hizo lo malo ante los ojos de Jehová: «Volvió a edificar los lugares altos que Ezequías su padre había derribado, y levantó altares a Baal» (2 Reyes 21:3). «Pasó a su hijo por fuego, y se dio a observar los tiempos, y fue agorero, e instituyó encantadores y adivinos» (2 Reyes 21:6). «Manasés los indujo a que hiciesen más mal que las naciones que Jehová destruyó delante de los hijos de Israel» (2 Reyes 21:9). Como consecuencia, Dios anunció por medio de sus profetas el juicio sobre Jerusalén y Judá: «Y desampararé el resto de mi heredad, y lo entregaré en manos de sus enemigos; y serán para presa y despojo de todos sus adversarios» (2 Reyes 21:14). Sin embargo, 2 Crónicas muestra que el juicio anunciado era tambien un llamado al arrepentimiento que el rey y el pueblo rechazaron: «Y habló Jehová a Manasés y a su pueblo, mas ellos no escucharon; por lo cual Jehová trajo contra ellos los generales del ejército del rey de los asirios, los cuales aprisionaron con grillos a Manasés, y atado con cadenas lo llevaron a Babilonia» (2 Crónicas 33:10-11). El Rey Josías y el redescubrimiento de la Ley La destrucción de Judá tampoco llegó inmediatamente después de Manasés. Durante el reinado de Josías, uno de los reyes más fieles de su historia, el Libro de la Ley fue redescubierto mientras se reparaba el Templo: «Y cuando el rey hubo oído las palabras del libro de la ley, rasgó sus vestidos.» (2 Reyes 22:11). Josías comprendió que el juicio anunciado era consecuencia de la desobediencia de toda la nación, se humilló ante Dios y buscó conocer su voluntad: «Grande es la ira de Jehová que se ha encendido contra nosotros, por cuanto nuestros padres no escucharon las palabras de este libro» (2 Reyes 22:13). Dios respondió a su arrepentimiento: «Por cuanto oíste las palabras del libro, y tu corazón se enterneció, y te humillaste delante de Jehová [...] también yo te he oído [...] y no verán tus ojos todo el mal que yo traigo sobre este lugar» (2 Reyes 22:19-20). La misericordia continuaba precediendo al juicio y permanecía disponible para quien escuchara la advertencia y se volviera a Dios. Josías respondió a la Palabra renovando el pacto, combatiendo la idolatría, restaurando el culto y celebrando nuevamente la Pascua: «No hubo otro rey antes de él, que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni después de él nació otro igual» (2 Reyes 23:25). Podría esperarse que el redescubrimiento de la Ley y una reforma de semejante magnitud iniciaran una época de restauración. Sin embargo, después de la muerte de Josías, sus sucesores y el pueblo volvieron a hacer lo malo delante de Dios. Esta historia demuestra que el problema de Judá no era simplemente un mal rey: Manasés fue sucedido por uno de los reyes más fieles de su historia y la transformación no permaneció. Tampoco era suficiente recuperar la Palabra de Dios: la Ley fue encontrada y leída, pero esto no produjo un cambio duradero en la nación. El problema era más profundo y no podía resolverse con un buen rey o la obediencia religiosa de los mandamientos. En estos tiempos, los profetas anunciaron la necesidad de un nuevo pacto para transformar el interior del hombre: «Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón» (Jeremías 31:33). «Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros» (Ezequiel 36:26). «Pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos» (Ezequiel 36:27). Los últimos años del reino de Judá muestran un patrón que se repite a lo largo de la Biblia: Dios anuncia el juicio, pero su decreto no elimina la oportunidad para el arrepentimiento. Desde Noe hasta Juan el Bautista, se predicó el arrepentimiento antes del juicio: «He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible» (Malaquías 4:5) Del mismo modo, antes de la destrucción de Jerusalén por los romanos en el año 70 d. C., es hallada nuevamente la Palabra de Dios. Pero esta vez no apareció como un rollo en el Templo «Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros» (Juan 1:14). Jesús anunció la futura destrucción de Jerusalén y su lamento muestra la tensión entre la misericordia que Dios ofrece y la responsabilidad en el hombre para responder con arrepentimiento: «¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!» (Mateo 23:37). La perdicion del hombre no la determina Dios. Frente a la voluntad de Dios de reunir y salvar, el hombre puede rechazar su llamado. «Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles » (Jeremías 18:8). Incluso cuando anuncia el juicio, Dios advierte, llama al hombre y le ofrece misericordia, declarando que está dispuesto a desistir del juicio anunciado si este se convierte.

Temas

Dios advierte antes del juicio. Dios muestra misericordia. El hombre necesita un corazón nuevo

Memorizar

«Les daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo en ustedes; y quitaré el corazón de piedra, y les daré un corazón de carne.» Ezequiel 36:26

Verdad

Dios trae juicio y misericordia

Ejercicios

  • Dios es justo y misericordioso.
  • Escucho y obedezco la Palabra de Dios.
  • Yo respondo al llamado de Dios.

Preguntas

  1. ¿Qué hizo Josías cuando escuchó la Palabra de Dios?
  2. ¿Por qué la reforma de Josías no pudo cambiar permanentemente al pueblo?
  3. ¿Qué prometió Dios hacer en el corazón del hombre?
  4. ¿Qué hace Dios antes de traer juicio?

Historia

Así ha dicho ____________ el Dios de Israel: Por cuanto oíste las ____________ del libro, ... y tu corazón se ____________ , y te ____________ delante de Jehová, ... Por tanto, he aquí yo te ____________ con tus ____________, y serás ____________ en tu sepulcro en paz, y no verán tus ojos todo el mal que yo ____________ sobre este ____________. Y ellos dieron al rey la ____________.

2 Reyes 22:18-20

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