506 — Eliseo y la sunamita

Pupiletras

Eliseo y la sunamita

Cita bíblica

2 Reyes 4:8–37

Bosquejo

En un lugar llamado Sunem vivía una mujer muy importante y bondadosa. Un día, cuando el profeta Eliseo pasaba por allí, ella lo invitó a comer. Desde entonces, cada vez que Eliseo viajaba por ese lugar, se detenía en su casa para descansar y compartir con ellos. La mujer habló con su esposo y le dijo: “Sé que este hombre es un siervo de Dios. Vamos a hacerle un pequeño cuarto en la casa, con una cama, una mesa, una silla y una lámpara, para que se quede cuando venga”. Y así lo hicieron, mostrando un corazón generoso y atento. Un día, Eliseo quiso hacer algo bueno por ella para agradecerle. Le preguntó si necesitaba ayuda o si quería que hablara con el rey por ella, pero la mujer respondió que estaba bien y tranquila con su familia. Entonces el siervo de Eliseo, llamado Gehazi, comentó que ella no tenía hijos y que su esposo ya era anciano. Entonces Eliseo la llamó y le dijo algo sorprendente: “El próximo año tendrás un hijo en tus brazos”. Al principio, la mujer no lo podía creer, pero tal como Eliseo dijo, Dios cumplió su promesa, y ella tuvo un hijo. El niño creció sano, pero un día salió al campo con su padre y de repente comenzó a sentirse muy mal. Decía: “¡Mi cabeza, mi cabeza!”. Lo llevaron a su mamá, y ella lo sostuvo en sus brazos… pero al mediodía el niño murió. Aunque estaba muy triste, la mujer no perdió la fe. Subió al niño al cuarto donde se hospedaba Eliseo, lo acostó allí y salió rápidamente a buscar al profeta. Le pidió a su esposo un asno y un criado, y fue sin detenerse hasta encontrar a Eliseo en el monte Carmelo. Cuando Eliseo la vio venir, envió a Gehazi a preguntarle si todo estaba bien, pero ella respondió que sí, porque quería hablar directamente con el profeta. Cuando llegó donde Eliseo, se aferró a sus pies con gran tristeza. Entonces le dijo: “¿Acaso pedí yo un hijo? ¿No te dije que no me engañaras?”. Eliseo comprendió que algo muy grave había pasado. Eliseo envió primero a Gehazi con su bastón para que lo pusiera sobre el niño, pero no pasó nada. Luego Eliseo fue personalmente a la casa. Entró al cuarto, cerró la puerta y oró a Dios con todo su corazón. Después se recostó sobre el niño. Poco a poco, el cuerpo del niño comenzó a calentarse. Eliseo caminó por la casa y volvió a subir. Se recostó otra vez sobre el niño, y entonces el niño estornudó siete veces… ¡y abrió los ojos! Dios había hecho un gran milagro: ¡el niño volvió a la vida! Eliseo llamó a la mujer. Cuando ella entró, vio a su hijo vivo. Se arrodilló, se inclinó hasta el suelo en señal de agradecimiento, y luego abrazó a su hijo con alegría.

Temas

Ser generosos agrada a Dios. Dios cumple sus promesas. Confiar en Dios en los momentos difíciles. Dios tiene poder para hacer milagros.

Memorizar

Yo soy el Señor, Dios de toda la humanidad. ¿Hay algo imposible para mí? Jeremías 32:27

Verdad

Dios es soberano y bueno. Él tiene control de todo lo que pasa y siempre cumple sus planes. Por eso, podemos confiar en Él en todo momento, tanto en los momentos felices como en los difíciles.

Ejercicios

  • Dios, tú mandas sobre todo, estás siempre conmigo y yo confío en ti.
  • Ante toda circunstancia siempre soy fiel a ti.
  • Dios, tú siempre cumples tus promesas.
  • Señor, tú tienes poder para hacer lo imposible.

Preguntas

  1. ¿Qué hizo la mujer sunamita por Eliseo?
  2. ¿Qué regalo le dio Dios a la mujer?
  3. ¿Qué hizo la mujer cuando su hijo murió?
  4. ¿Qué milagro hizo Dios al final?

Respuestas

  1. Le dio comida y le preparó un cuarto para descansar.
  2. Dios le dio un hijo.
  3. Fue a buscar a Eliseo confiando en Dios.
  4. Dios hizo que el niño volviera a la vida.

Historia

Y venido ____________ a la casa, he aquí que el niño estaba ____________ tendido sobre su cama. Entrando él entonces, cerró la ____________ tras ambos, y oró a Jehová. Después subió y se tendió sobre el ____________, y el cuerpo del niño entró en calor. Volviéndose luego, se ____________ por la casa a una y otra parte, y después ____________, y se tendió sobre él nuevamente, y el niño ____________ siete veces, y abrió sus ojos. Entonces llamó él a ____________, y le dijo: Llama a esta sunamita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo: Toma tu ____________. Y así que ella entró, se echó a sus ____________, y se inclinó a tierra; y después tomó a su hijo, y salió.

2 Reyes 4:32–37 (RVR1960)

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