MORANDO EN EL LUGAR SANTÍSIMO

Maestro: Guadalupe Virginia Martinez Zambrano de Robles

I. Libertad en su sangre

Hebreos 10:19: Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo.

Por el sacrificio de Cristo, realizado una vez y para siempre, los creyentes pueden acercarse a Dios con confianza y no con temor, como ocurría en el sistema levítico.

La ley era solamente una representación simbólica de la realidad que se encuentra en Cristo. Los sacrificios solo podían mostrar la provisión de Dios para la salvación por medio de Cristo; la ley no era la realidad de la salvación.

Pero ahora tenemos la confianza para entrar en la presencia de Dios por su sangre y por el ministerio del Sumo Sacerdote.

El pecado había quitado nuestra libertad de acercarnos a Dios, pero la sangre la ha restaurado.

II. Un camino nuevo y vivo

Hebreos 10:20: Por el camino nuevo y vivo que Él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne.

Por su muerte propiciatoria, Cristo ha inaugurado un nuevo camino hacia Dios, un acceso que la ley no podía dar.

Juan 14:6: Jesús les dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.

El velo del templo que se partió cuando Cristo murió simbolizó el cuerpo de Cristo sin vida en aquella cruz.

El velo que nos separaba de Dios era la carne. El pecado tiene su poder asentado en la carne.

Romanos 8:3: Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por la carne, Dios lo hizo enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y, como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne.

Cristo era humano, pero no poseía la vieja naturaleza del pecado, es decir, la carne de pecado.

Solamente quitando de en medio el pecado podía ser retirado el velo. Cuando el Señor Jesús vino en carne, Él podía rasgar el velo únicamente por medio de su muerte y, de esta manera, acabar con el poder de la carne y del pecado.

La sangre demanda y, a su vez, lleva a cabo el quebrantamiento de la carne y la coloca bajo muerte.

Quien desea preservar y salvar su carne no puede entrar en el Lugar Santísimo. La carne debe ser sacrificada.

El creyente no puede hacer esto mediante su poder humano, sino mediante el poder de Cristo.

Gálatas 5:24: Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.

Quien pone su fe en Cristo y anda por el Espíritu no se somete a los deseos de la carne.

Versículo 25: Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu.

Gálatas 2:20: Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, quien me amó y se entregó a sí mismo por mí.

El conocimiento de que el creyente se identifica con Cristo en su muerte, sepultura y resurrección lo capacita para andar en novedad de vida.

III. Un gran Sumo Sacerdote

Hebreos 10:21: Y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios.

Hebreos 7:17: Pues de Él se da testimonio: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.

La Epístola a los Hebreos nos enseña que Jesús es el verdadero Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec. Él es el Hijo eterno, quien posee un sacerdocio eterno e inmutable y se ha sentado en el trono. Él vive para interceder siempre, de modo que:

Versículo 25: Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.

Jesús es nuestro Sumo Sacerdote todopoderoso. Como tal, está sobre la casa de Dios y ha sido ordenado sobre todo el ministerio del Lugar Santísimo. Todo el pueblo de Dios está bajo su cuidado.

A través de su sangre, Él ha entrado en el Lugar Santísimo y nos lleva con Él. Es quien nos enseña nuestros deberes y nuestros ministerios en ese lugar. Solo a través de Él serán aceptadas nuestras oraciones y ofrendas espirituales, aunque hayan sido hechas en nuestra ignorancia.

Romanos 8:26: Y, de igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, pues qué hemos de pedir como conviene no lo sabemos; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.

Versículo 27: Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque, conforme a la voluntad de Dios, intercede por los santos.

El Espíritu no va a orar en nuestro lugar, sino que se une a nosotros para hacer más efectivas nuestras débiles oraciones.

El Espíritu Santo toma aun nuestros gemidos de súplica y los convierte en una intercesión efectiva delante del trono de Dios.

A. ¿Cómo hemos de ser preparados?

Debemos acercarnos:

1. Con un corazón sincero

Hebreos 10:22: Acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura.

Este versículo nos exhorta e incluye el aspecto práctico del mensaje de toda la carta. Busca alentarnos y darnos ánimo, pues el acceso a Dios ahora es posible por medio del Nuevo Pacto establecido en Cristo.

Un corazón sincero: significa acercarse sabiendo que nuestra relación con el Padre es correcta, puesto que Él ya nos abrió un camino nuevo.

Un corazón purificado: esto solo puede darlo Dios, porque es el resultado de la eficacia de la sangre de Cristo para limpiar al creyente de toda maldad.

Un cuerpo lavado con agua pura: representa una vida renovada por Cristo, para que andemos en novedad de vida.

Romanos 6:4: Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte, a fin de que, como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida.

2. En plena certidumbre de fe

Hebreos 10:22, que ya hemos leído, nos enseña lo siguiente:

Una confianza absoluta

No se trata de una fe a medias y llena de dudas. La plena certidumbre exige una convicción total de que Dios es real y de que cumplirá todo lo que ha prometido.

Preparación interior

En el mismo versículo vemos que todo gira en torno a lo que Jesús ya logró mediante su sacrificio, pero muchos cristianos no le dan la debida importancia a este hecho.

1 Tesalonicenses 1:5: Pues nuestro evangelio no llegó a vosotros solamente en palabras, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros.

El evangelio no debe consistir solamente en palabras, sino también en nuestro testimonio acerca de quiénes somos en Cristo y de todo lo que Él ha hecho por nosotros.

El Espíritu Santo nos convence plenamente de que solamente a través de Cristo somos limpiados del pecado y recibimos acceso a Dios.

3. Con los cuerpos lavados

Los sacerdotes del Antiguo Pacto llevaban la sangre del sacrificio al Lugar Santísimo para obtener el perdón de sus pecados y de los pecados del pueblo una vez al año. Sin embargo, se requería que el sacerdote lavara su cuerpo con agua.

Esto simbolizaba lo que dice Hebreos 10:22: hemos de estar limpios para entrar en el Lugar Santísimo. No podemos presentarnos ante Dios sin habernos limpiado de la contaminación de este mundo. No debemos quedarnos parados en la puerta como mendigos que no fueron invitados a la fiesta.

Hebreos 12:1: Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia —constancia— la carrera que tenemos por delante.

Versículo 2: Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, quien, por el gozo puesto delante de Él, soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.

Así como el corredor se concentra en la meta, el creyente también debe concentrarse en Jesús, nuestro Salvador, porque seguirlo a Él es la meta de la vida cristiana.

El autor y consumador de la fe: como AUTOR, Jesús es quien abrió el camino hacia la presencia del Padre. Como CONSUMADOR, es el guía y quien completa la fe del creyente. Él cumplió la obra de la redención mediante su muerte, resurrección y ascensión.

El gozo puesto delante de Él: Jesús aceptó los sufrimientos de la muerte en la cruz porque tenía presente el gozo que le esperaba al completar la obra de la redención.

Esto nos presenta a Cristo como ejemplo para que sigamos la fidelidad de Jesús y resistamos la tentación de desanimarnos en nuestros corazones y apartarnos del Dios vivo. La humillación de quienes sufren por causa del evangelio no tiene comparación con la seguridad de la gloria futura.

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